Ser inofensivo no es ser bueno
Naturalmente se da que, en un gran porcentaje de las ocasiones, al hablar con allegados, pacientes, colegas y alumnos noto una ineludible confusión y casi equiparación entre ser inofensivo y ser bueno. Frases como: «Es re bueno, no le hace nada a nadie» o «Es buena persona, jamás lo vi tratar mal a alguien».
Nietzsche decía que la moral tiene fines estéticos, no es lo mismo (según él cita) matar a un conejo que a una cucaracha. En sus palabras: «Si matas a una cucaracha eres un héroe, pero si matas a una mariposa eres un villano. La moral tiene criterios estéticos».
De la misma forma, existe en el mundo jurídico y en la cultura general argentina el concepto de «ser y parecer» como consigna de supervivencia social frente al juicio ajeno. Pero ¿qué tiene que ver esto con ser bueno o ser inofensivo?
En la posmodernidad, el ideal del ser pasó a un segundo plano. El nihilismo y el consumo irónico han imperado sobre el desarrollo de las prácticas sociales, siendo las virtudes de un sujeto tomadas «entre pinzas» por el auge de la posverdad (lo importante es lo que quiero creer, no la realidad). En este contexto, profundizar se torna un acto de demasía ante el universo digital de imágenes y cuerpos convenientemente retratados (y/o editados) para encajar en un mercado que compite por la atención y que promueve la ansiedad por no quedarse afuera de la última tendencia (FOMO).
Como intento retratar, se me hace intuitivo que cualquiera entendería que no habría tiempo en la sociedad entonces para profundizar en algo sumamente importante: la intención. Hoy el éxito es el parámetro, y las formas, accesorias. Esto implica que los medios son tomados en cuenta únicamente si comparamos éxitos y, a veces, ni siquiera eso. Es decir, la evaluación moral del medio empleado para el alcance de un objetivo no forma siquiera parte del armado de un plan en su inicio, solo se pondera qué tan «cancelable» podría ser un medio, pero muy pocas veces qué tan «virtuoso».
De esta manera, la evaluación del ideal que persiguen los buenos como objeto a seguir queda restringida a unos pocos que llamaría incluso old fashioned, pero que podrían incluso ser vanguardistas, ya que la pos-posmodernidad así lo requiere. Ser inofensivo, por su parte, es una decisión comparada con la de ser malo o ser bueno, es una tercera opción que podría ser incluso descrita como la «ancha avenida del medio», en la cual lo único que se juega es una posición evasiva de problemas.
En psicología, el problema se presenta claro: el modelo de vinculación y la estrategia de afrontamiento es de tipo evitativo, una de las peores, si no la peor, cuando se trata de vínculos cercanos. Si tomamos el amor incluso como parámetro, este implica moverse por un otro en pos de entregarse, ser inofensivo como tal implicaría, por su parte, la inmovilidad volitiva: no tomar decisiones que puedan ser percibidas como ofensa. Claro, esto es incluso patológico, ya que a nivel de la subjetividad estaríamos performando un sujeto sin deseo expreso y sumido más en la aversión al juicio social que en el desarrollo de su persona, un sujeto alienado al rol de complacencia.
El bueno no es bueno por hacer el bien únicamente, sino que es bueno por los medios empleados y por los resultados. Estos resultados definitivamente pueden ser adversos, pero el bueno los reconoce y ajusta sus parámetros a los fines de no volver a cometer un error similar. Claro que el inofensivo es una piedra en el zapato porque, así como el peor enemigo jamás te corrige para que sigas equivocándote, el inofensivo jamás se arriesga a la confrontación, derivando en una anomia vincular donde «siempre te apoyo» pero «no me pidas que te contradiga».
El peligro del inofensivo radica en el motor que moviliza su postura: la inacción. El valor del bueno radica en la capacidad de reconocer el error. Me dirán: «Hace más mal el bueno probando, que el inofensivo no actuando», sin embargo, eso es una falacia, un sesgo en la evaluación real del resultado de la acción. En el corto plazo eso parece, pero en el largo plazo las acciones de los buenos sientan las bases para las prácticas sociales más justas, la acción del inofensivo solo perpetúa las injusticias predominantes de la época.